En un momento histórico, el Papa León XIV reunió a líderes religiosos ortodoxos y protestantes en Iznik, Turquía, para celebrar los 1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea. Este evento trascendental marco la fundación de la Iglesia Católica y es un llamado a la unidad y fraternidad entre cristianos de diferentes confesiones.
El Pontífice se trasladó ayer a la ciudad de Iznik, conocida antiguamente como Nicea, ubicada al sur de Estambul. Allí, en presencia de dignatarios religiosos de various denominaciones, incluyendo ortodoxos y protestantes, ofreció una gran oración sobre los restos de una basílica sumergida del siglo IV. Esta basílica es un testimonio histórico de la fe cristiana y su importancia en el desarrollo de la Iglesia.
Durante la celebración, el Papa León XIV llamó a los líderes religiosos a unirse en la búsqueda de la unidad y fraternidad entre los cristianos. Destacó que “el uso de la religión para justificar la violencia y la discriminación es una aberración y no tiene lugar en la fe de Jesucristo”. Aseguró que la verdadera fe cristiana no puede ser utilizada para promover el odio o la división, sino que debe ser un instrumento de paz, justicia y amor.
El Papa también recordó la importancia del Concilio Ecuménico de Nicea en la historia de la Iglesia. Este evento se realizó en el año 325 d.C., bajo el imperio del emperador Constantino, y marcó el fin de las persecuciones cristianas y el establecimiento de la fe cristiana como religión oficial del Imperio Romano.
La celebración también tuvo un componente de reflexión sobre la actualidad. El Papa León XIV sostuvo que “la situación actual es muy grave” y que “está en juego el futuro de la humanidad”. Destacó la importancia de la cooperación entre las religiones y la necesidad de promover la paz, la justicia y la protección del medio ambiente.
La celebración fue un momento de encuentro entre líderes religiosos de various denominaciones. Fue un llamado a la unidad y fraternidad en un mundo que enfrenta muchos desafíos y divisiones. La visita del Papa León XIV a Iznik fue un gesto de respeto hacia la historia y la fe cristiana, y una apelación a los líderes religiosos para que trabajen juntos por la paz y la justicia.
En este sentido, la celebración del 1700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea fue un llamado a la reflexión y el compromiso. Fue un momento para recordar la importancia de la unidad y fraternidad entre los cristianos y para trabajar juntos hacia una sociedad más justa, pacífica y amorosa.











