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Invierten miles de millones en Programa de Vacunación, pero penurias y retrasos continúan

Como ha ocurrido con COVID-19, es el personal vacunador (de base y eventual) quien saca la casta. Decanas cuentan sus historias de riesgo y entrega: “Si viene de aquellos (del Bienestar), no me vacuno”, dice enfermera jubilada, con más de 30 años de experiencia en inmunización

Como un pasaje fresco de su vida, Emina Delfín recuerda los días entre pueblos y rancherías, cuando conseguir un poco de hielo era la principal angustia.

-¿Hielo?

-Sí, para conservar la vacuna. Andábamos con el termo por todos lados y, de repente, el hielo derretido. Apenas veíamos una tiendita y a preguntar: ¿vende hielo? De nuestro salario salía para ir comprando las bolsitas.

Emina trabajó más de 30 años como vacunadora, en Quintana Roo. Recién se jubiló. “A nosotros nadie nos puede venir a cuentear, diciendo que otros conocen más el territorio o las necesidades de la gente. Vivimos en carne propia penurias y riesgos, siempre salimos adelante”.

El Programa Universal de Vacunación (PUV) en México es reflejo también de la devastación estructural del Sector Salud durante décadas, pero también del espíritu del personal médico, incluido el eventual o temporal. Como ha ocurrido ahora en la batalla contra COVID-19, en hospitales y clínicas desbordados y sin el equipo necesario, son los recursos humanos: médicos, enfermeras, camilleros, afanadores y demás, quienes han sacado la garra, aun a costa de su propia vida.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, de 2013 a 2018 se “invirtieron” en el PUV más de 38 mil millones de pesos. Sin embargo, ese monto no se reflejó en una mejora palpable en infraestructura, equipamiento o condiciones de trabajo.

La administración anterior publicó un reporte final titulado: “Avances y Retos de los Programas de Prevención y Promoción de la Salud: 2013-2018”, el cual fue poco publicitado. Crónica obtuvo una copia…

En el documento se describen diversos vacíos y retrasos. Por ejemplo, “problemas con el abasto de vacunas”, principalmente por falta de producción a nivel internacional (en especial pentavalente, difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B, triple y doble viral).

Otros escollos fueron “la reducción de recursos humanos para llevar a cabo acciones de campo y la falta de unidades de primer nivel en zonas periurbanas”, así como la descoordinación “entre las diferentes áreas involucradas para el seguimiento y estudio de los Eventos Supuestamente Atribuibles a la Vacunación (ESAVI)”, como se denomina a los afectos adversos a la inmunización.

En este tema, se reconocieron “fallas en la notificación oportuna de médicos particulares, falta de una plataforma en tiempo real para casos graves y de acciones para garantizar la seguridad de poblaciones vacunadas y presupuesto insuficiente para capacitación del personal dedicado a su detección en los tres niveles de atención”.

También “carencia de infraestructura tecnológica y acceso a internet en unidades de salud”, y deficiencias en la red de frío (comprende materiales y procedimientos necesarios para almacenar, conservar y transportar las vacunas en condiciones óptimas de temperatura hasta el sitio donde las personas son vacunadas).

“Una falla en alguno de los eslabones de la red compromete seriamente la calidad de los biológicos”, indicó el informe.

En este renglón se alertó sobre “falta de presupuesto para actualización y mantenimiento, insuficiente vinculación intra e intersectorial, alto índice de rotación del personal especializado, desfases en la plataforma en línea y base de datos, lentitud y burocracia para obtener licencias sanitarias de almacenes ante Cofepris y carencia de fuentes de alimentación en lugares con luz eléctrica desfavorable”.

¡PICANDO PIEDRA! -Pese a la adversidad, nunca nos rendimos, prueba de ello son los millones de dosis que aplicamos cada año -dice Emina, quien cumplió ya 72 años y cuyo caso resulta paradójico: se dedicó gran parte de su vida profesional a la vacunación, y hoy es renuente a la vacuna.

“Ahora, le soy honesta, tengo miedo hasta de vacunarme. No tengo buena espina”.

-¿Por qué?

-Si viene de aquellos, no me vacuno.

-¿Quiénes?

-No me gusta que anden metidas ahí personas del Bienestar, que nada tienen que ver con la vacuna y la Secretaría de Salud, sin experiencia, cuando hay gente capacitada que lleva años picando piedra.

-Tendrá que decidir pronto…

-Estoy indecisa, ya al momento lo decidiré. Lo más remunerador de vacunar no está en lo político, sino en la sonrisa de alguien que te dice: ´gracias por ayudar a mi familiar´.

DOLORES Y PELIGROS. Ellas, vacunadoras de siempre, saben caminar por sierras y montañas, cruzar ríos y desiertos, expuestas a distintos peligros. Lo suyo no es la improvisación.

“Operar la vacunación es una lucha de cada año, desde el momento en que no hay en el país una ley que garantice los presupuestos para la compra de biológicos. Todos los días hay niños, adultos y ancianos que requieren vacunas, pero dependemos de que a nivel central se adquieran de manera oportuna, lo que casi nunca ocurre”, cuenta Soledad Ramírez, coordinadora del programa en Zacatecas.

“El personal vacunador de base ya es muy poco, hemos estado pugnando por la contratación de eventuales, por más estabilidad laboral, que se les tome en cuenta para futuras plazas. Uno quisiera que hubiera más vacunadores dignificados, vehículos funcionales y refrigeradores en su nivel óptimo, pero el gobierno federal no ha brindado ese tipo de apoyo en más de 10 años”.

Pese a todo, sus historias revelan una piel curtida para contrariedades y ahogos…

“Quienes realmente llevamos en la espalda el programa de vacunación somos las enfermeras: las 24 horas del día, todas las semanas y todos los días del año. Y estamos preparadas lo mismo para trabajar en una zona urbana que en una ranchería distante, a horas y horas de camino”, comenta Conchita Félix, avezada en vacunación desde 1991, en territorio sonorense.

“En Sonora tenemos localidades de difícil acceso, donde llevamos las vacunas montadas en bestias, en mulas: en franjas serranas, en la zona de los guarijíos, en Yécora, Quiriego y Rosario. Y nuestra razón de ser es aplicarlas bajo los principios básicos de universalidad, equidad y gratuidad”.

Cuando terminó la licenciatura en Enfermería, hace casi 11 años, la única opción de trabajo para Laura Patricia Quintero -hoy coordinadora del PUV en Guanajuato- fue la de incorporarse a las brigadas de vacunación en el municipio de Manuel Doblado, a más de 2 horas de la capital, y en otras pequeñas comunidades, a donde sólo era posible llegar tras largas caminatas.

Discurso Ciudadano

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